Parece que hoy todo el mundo quiere ser «aesthetic» grabando un video con filtro sepia y música de acordeón, jurando que su vida es una novela de García Márquez. La tendencia en redes ha revivido un debate que divide a la comunidad intelectual en un hilo de X (Twitter) que parece no tener fin: ¿estamos honrando el legado de Gabo o simplemente convirtiendo nuestra tragedia latinoamericana en un producto de exportación empaquetado para Instagram? El «Realismo Mágico» se ha vuelto un hashtag de moda, una etiqueta que lo mismo sirve para un atardecer en Tulum que para un puesto de tacos con luces neón. Pero ojo, que la controversia real está en la próxima serie de Netflix sobre Cien años de soledad. Los puristas se jalan los pelos pensando si Macondo cabe en una pantalla de 6 pulgadas, mientras que las nuevas generaciones devoran clips de 15 segundos que romantizan lo que, en el fondo, es nuestra cruda y surrealista realidad. Visitando los cafés de la Condesa, el tema es recurrente entre guionistas y poetas: ¿es válido simplificar una corriente literaria tan compleja para que sea «viralizable»? Algunos dicen que es democratizar la cultura; otros, que es una falta de respeto a la profundidad de Carpentier o Asturias. La realidad es que el algoritmo no entiende de metáforas, solo de clics, y el Realismo Mágico hoy vende más como «vibra» que como ideología. Lo irónico es que no necesitamos alfombras voladoras cuando tenemos noticias en México que parecen sacadas de un guion de cine surrealista. Desde políticos que inauguran bardas como si fueran puentes, hasta socavones que aparecen de la nada y se vuelven atracciones turísticas. Lo extraordinario se nos volvió cotidiano y, francamente, un poco chistoso, pero también nos deja una duda: ¿seguimos leyendo o solo estamos scrolleando la superficie? El peligro de esta tendencia es que nos olvidemos de que el Realismo Mágico nació como una respuesta política y social a la violencia y el olvido. No eran solo flores cayendo del cielo; era el grito de un continente que no encontraba palabras lógicas para explicar su dolor. Al volverlo un filtro de belleza, corremos el riesgo de anestesiar la potencia crítica que estos autores le inyectaron a nuestras letras. Al final, si te vas a subir al tren del Realismo Mágico digital, hazlo con fundamento. No es solo ponerle «magia» a lo común, es encontrar la grieta por donde se escapa lo imposible en medio de la rutina. Así que, antes de subir tu próximo reel con la frase de «Muchos años después…», pregúntate si realmente estás viendo la mariposa amarilla o solo el reflejo de tu pantalla. Comparte esto: Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Me gusta esto:Me gusta Cargando... Navegación de entradas La casa donde la lluvia no moja: el rincón secreto de Elena Garro