Se acabó el calvario de pagar y pagar sin ver el final del túnel. El Gobierno Federal, de la mano del Infonavit, presentó en tierras coahuilenses el nuevo Programa de Vivienda para el Bienestar, una estrategia estructurada para sepultar de una vez por todas los créditos impagables y la burocracia pesada que castigaba al trabajador.

La Presidenta Claudia Sheinbaum y el director general del instituto, Octavio Romero, dejaron claro que la vivienda dejará de ser vista como un mero negocio inmobiliario. Con una inyección histórica de 40 mil millones de pesos, el estado norteño pasará de tener 19 mil a 65 mil nuevas casas proyectadas para este sexenio.

Para dimensionar el tamaño del atorón que había, basta echarle un ojo a los números del pasado. El sistema anterior obligaba al derechohabiente a sudar la gota gorda para juntar mil 80 puntos, un filtro que dejaba fuera a los de menores ingresos. Ahora, la barredora pasó parejo y los requisitos bajaron a tener solo seis meses de cotización y ganar entre uno y dos salarios mínimos.

Pero la joya de la corona de este anuncio es el rescate de quienes estaban atrapados en deudas auténticamente usureras. Hasta el cierre del año pasado, el instituto ha logrado sanear millones de cuentas a nivel nacional, y Coahuila fue clave en esta reestructura, liberando a familias enteras de una carga financiera asfixiante.

Los testimonios presentados durante la gira están de no creerse. Don Francisco Javier Ortiz adquirió un crédito de 360 mil pesos, terminó desembolsando 975 mil y todavía el sistema le exigía otros 685 mil. Hoy, gracias al borrón y cuenta nueva de la dependencia, su saldo quedó en absolutos ceros, quitándole un piano de encima.

Otro caso que pone la piel chinita es el de doña María Eugenia Treviño, quien por un préstamo de apenas 59 mil pesitos, vio su deuda inflarse de forma absurda hasta rozar el millón 200 mil pesos. O el del señor Demetrio Méndez, cuyo saldo astronómico fue rasurado a tan solo 5 mil 500 pesos, dejándolo a tiro de piedra para liquidar su hogar.

Además de congelar y desaparecer las deudas eternas, el programa se está poniendo guapo con el papeleo final. En el estado, 11 mil 500 familias ya recibieron la liberación de su gravamen y sus escrituras de manera gratuita, ahorrándose un trámite que muchas veces desfondaba la cartera al costar hasta 16 mil pesos.

La lógica de esta nueva era, cimentada en el llamado «Humanismo Mexicano», apunta a que el Estado actúe como un facilitador y no como un cobrador implacable. La construcción de vivienda popular se convierte así en un motor económico local que devuelve la certeza jurídica a los que siempre estuvieron formados al último.

Para la raza trabajadora que anda buscando hacerse de su patrimonio sin dejar la vida entera en abonos, las puertas están abiertas de par en par. La administración enfatizó que ya no hay necesidad de coyotes; la información y el registro están a la mano en el portal digital de Vivienda para el Bienestar.

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