Por Bruno Cortés En medio del ritmo político que suele dominar la Cámara de Diputados, hay iniciativas que buscan algo distinto: cambiar hábitos, no leyes. Ese es el caso del Espacio Cultural San Lázaro, donde Elías Robles Andrade está apostando por acercar la lectura —sí, la lectura de a de veras— a nuevas generaciones que cada vez leen menos. La más reciente sesión del Club de Lectura giró en torno a “Los Amorosos”, uno de los poemas más representativos de Jaime Sabines, en el marco de los 100 años de su natalicio. La elección no fue casual: se trata de una obra accesible, emocional y directa, ideal para enganchar a quienes no necesariamente tienen el hábito de leer poesía. Pero detrás de este ejercicio cultural hay también una política pública en pequeño. Robles Andrade lo explicó sin rodeos: el objetivo es formar lectores, incentivar el pensamiento crítico y generar espacios de aprendizaje colectivo. Es decir, no solo leer por leer, sino usar la lectura como herramienta para entender mejor el entorno. El problema de fondo no es menor. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía muestran que cada vez menos mexicanos leen, una tendencia que preocupa porque impacta directamente en la educación, la participación ciudadana y hasta en la economía del conocimiento. Menos lectura suele traducirse en menor capacidad de análisis, algo clave en cualquier democracia. Por eso, este tipo de clubes funcionan como una respuesta concreta: formatos más flexibles, sin rigidez académica, donde la gente puede participar, opinar y conectar con los textos desde su propia experiencia. La idea, en palabras del propio funcionario, es alejarse de lo que está de moda como simple entretenimiento y apostar por algo más profundo: la lectura “dura y pura”. Además, el proyecto no está improvisado. Quienes lo coordinan se capacitaron con la Dirección General de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura, lo que le da un respaldo técnico a la iniciativa. Incluso ya hay una curaduría de 12 obras para todo 2026, una por mes, lo que convierte al programa en una estrategia sostenida, no en un evento aislado. Este esfuerzo también refleja cómo desde el Congreso —más allá de debates y reformas— se pueden impulsar políticas culturales que, aunque no siempre hacen ruido mediático, sí tienen impacto a largo plazo. La meta es clara: formar una especie de “ejército” de promotores de lectura que multipliquen el hábito en otros espacios. Así, entre discusiones legislativas y agendas políticas, en San Lázaro también se está librando otra batalla: la de recuperar el gusto por los libros en un país que, poco a poco, ha dejado de leer. Comparte esto: Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Me gusta esto:Me gusta Cargando... Navegación de entradas La nueva serie de los creadores de Stranger Things que ya causa furor en Netflix Alma Rosa de la Vega abre debate juvenil electoral