Por redacción Análisis Político La Marcha Zombie 2026 volvió a colocar una expresión de cultura urbana en el espacio público de la Ciudad de México. La edición 19 reunió personajes de terror, maquillaje y vestuarios creados por participantes que recorrieron el corredor entre el Monumento a la Revolución y el Centro Histórico. El valor de la jornada no se reduce al disfraz. En una ciudad de circulación acelerada, una actividad de este tipo reorganiza temporalmente el uso de las calles: concentra espectadores, modifica trayectos y convierte avenidas cotidianas en un escenario compartido. Una manifestación cultural a escala de calle La convocatoria fue gratuita y abierta. Las actividades comenzaron desde la mañana en avenida de la República; la salida del contingente se anunció para las 16:00 horas. El recorrido comunicado pasó por Paseo de la Reforma, avenida Juárez, Eje Central y 5 de Mayo, con destino al Zócalo. La imagen que acompaña esta nota retrata a una persona con máscara de criatura y una caracterización de terror elaborada. Más que medir la dimensión total del evento, la fotografía muestra el nivel de trabajo individual que sostiene la identidad visual de la marcha. La participación no exigió un personaje específico. Esa apertura permitió convivir en el mismo recorrido a zombis, seres fantásticos, referencias cinematográficas y propuestas de cosplay; una diversidad que hace de la marcha un ejercicio colectivo de imaginación y presencia pública. La dimensión solidaria La edición también mantuvo un acopio voluntario de alimentos no perecederos destinado a Alimento para Todos I.A.P. La recepción se concentró en la carpa habilitada en avenida de la República y no formó parte del avance hacia el Zócalo. Esta separación entre la caminata y el punto de donación definió dos momentos de la actividad: por una parte, la convivencia cultural en las calles; por otra, la posibilidad de aportar alimentos para una causa social sin condicionar la participación. Lo que puede afirmarse y lo que aún falta Está documentada la realización de la jornada, la diversidad de caracterizaciones y la convocatoria de apoyo alimentario. No se incorpora una cifra de asistentes, un saldo de movilidad ni un resultado del acopio, porque esos datos requieren confirmación verificable y no deben inferirse de las imágenes. La Marcha Zombie conserva así una función cultural: crear un lugar temporal para el terror, el cine y el performance en el espacio público, al tiempo que incorpora una invitación solidaria para quienes decidieron sumarse. Fotografía: imagen proporcionada a Análisis Político. Comparte esto: Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Me gusta esto:Me gusta Cargando... Navegación de entradas Barro y Deidades: una mirada al México profundo desde Coyoacán