La cocina mexicana siempre ha sido contemporánea, aunque a veces se nos olvide. Desde el momento en que un platillo tradicional cambia según la región, la temporada o la mano que lo prepara, está vivo. Lo que hoy llamamos cocina de autor con raíces mexicanas no es una ruptura con el pasado, sino una conversación más consciente con él. Chefs que crecieron comiendo moles, caldos y antojitos han decidido reinterpretarlos desde la técnica, la investigación y la sensibilidad actual, sin borrar su origen.
Lejos de la idea de “deconstruir por deconstruir”, esta nueva cocina apuesta por la memoria, el territorio y el ingrediente local, pero los presenta desde una mirada personal. Estos son algunos de los chefs que están marcando el camino y los lugares donde se puede probar su trabajo.
Enrique Olvera: el tiempo como ingrediente
Hablar de cocina mexicana contemporánea sin mencionar a Enrique Olvera es casi imposible. Su trabajo no consiste en reinventar platillos de forma espectacular, sino en profundizar en ellos. El ejemplo más conocido es el mole madre, servido en Pujol, una preparación que se mantiene viva y se reinterpreta con el paso de los años, acompañada de un mole joven que dialoga con él.
En Pujol, en Ciudad de México, la experiencia va más allá del plato: es una reflexión sobre el tiempo, la tradición y la paciencia. Olvera también ha llevado esta filosofía a otros formatos más accesibles, como Eno o Molino “El Pujol”, donde el maíz, la tortilla y los antojitos son tratados con el mismo respeto que un platillo de alta cocina. Su revolución es silenciosa: demostrar que lo mexicano no necesita adornos para ser profundo.
Marta Zepeda: Chiapas en clave contemporánea
Desde Chiapas, Marta Zepeda ha construido una propuesta que parte del territorio y de los saberes locales, especialmente de comunidades indígenas, sin caer en la apropiación superficial. En su restaurante Tierra y Cielo, en San Cristóbal de las Casas, la cocina chiapaneca se presenta con técnica refinada, pero con sabores reconocibles: tamales reinterpretados, caldos intensos, maíces nativos y hierbas locales que rara vez llegan a las grandes ciudades.
Su cocina es un ejemplo de cómo la autoría no está peleada con la colectividad. Zepeda trabaja con productores locales y rescata ingredientes que suelen quedar fuera del circuito gastronómico “de moda”. Comer en Tierra y Cielo es entender que la alta cocina también puede ser una forma de preservación cultural.
Elena Reygadas: lo vegetal, lo cotidiano y lo profundo
Aunque Elena Reygadas no se define exclusivamente desde la tradición mexicana, su trabajo en Rosetta ha sido clave para ampliar la conversación sobre lo que significa cocinar desde el contexto local. Su enfoque en lo vegetal, el pan y los ingredientes de temporada ha dado lugar a platillos que dialogan con la cocina mexicana desde lo sutil, no desde la nostalgia.
En Rosetta, en la colonia Roma, aparecen reinterpretaciones de guisos, moles ligeros, hierbas y verduras que recuerdan sabores familiares sin reproducirlos literalmente. Su cocina demuestra que la identidad también puede construirse desde la contención y la sensibilidad, no solo desde la intensidad.
Carlos Gaytán: tradición mexicana con mirada global
Carlos Gaytán fue el primer chef mexicano en obtener una estrella Michelin, y su trabajo representa otro ángulo de esta revolución: llevar los sabores mexicanos a una narrativa internacional sin diluirlos. En restaurantes como Ha’ (en Xcaret) o sus proyectos anteriores en Estados Unidos, Gaytán reinterpreta platillos clásicos desde técnicas francesas, con salsas profundas, presentaciones pulidas y una ejecución impecable.
Aquí, la cocina de autor se siente más formal, pero sigue anclada en ingredientes y recuerdos mexicanos. Es una propuesta ideal para quienes buscan ver cómo lo tradicional puede dialogar con el fine dining global sin perder carácter.
Más allá del nombre del chef
Lo interesante de este movimiento es que no se limita a figuras consagradas. En distintas ciudades de México están surgiendo cocinas de autor jóvenes que reinterpretan la barbacoa, los moles regionales, los caldos y los antojitos desde perspectivas personales y honestas. No siempre son restaurantes de mantel largo; a veces son espacios pequeños donde la creatividad se expresa con libertad.
La cocina de autor con raíces mexicanas no busca reemplazar la comida tradicional ni competir con ella. Su valor está en abrir nuevas lecturas, en demostrar que un platillo heredado puede seguir evolucionando sin perder su esencia. Comer en estos lugares no es solo una experiencia gastronómica: es una forma de entender que la identidad culinaria también se escribe en presente.
