Por Bruno Cortés La noche del jueves 13 de agosto, Andrés Manuel López Beltrán, conocido como Andy, anunció que el Departamento de Estado de Estados Unidos le había cancelado la visa. Lo hizo mediante una carta dirigida al presidente Donald Trump en la que responsabilizó al secretario Marco Rubio y al subsecretario Christopher Landau. Al día siguiente, en la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum calificó la medida como un acto de injerencia política. El sábado, desde Tampico, Tamaulipas, volvió a tocar el tema: “Una visa no define a una persona”. Desde entonces, diputados, senadores y gobernadores de Morena han repetido la misma palabra: soberanía. La bancada en el Senado y la Cámara de Diputados emitió comunicados en los que rechazan lo que consideran una intervención extranjera en asuntos internos. “México es un país libre que no regatea su soberanía”, escribieron. El caso de Andy no es el primero. Reportes de octubre de 2025, basados en fuentes mexicanas, indicaban que Estados Unidos había revocado las visas de al menos 50 políticos y funcionarios mexicanos, la mayoría vinculados a Morena. Entre los nombres que han trascendido aparecen gobernadores, alcaldes fronterizos y dirigentes partidistas. Algunos lo confirmaron públicamente; otros aparecieron en reportes periodísticos. ¿Por qué un documento que solo permite cruzar una frontera se convierte de repente en bandera de soberanía? La pregunta ronda en las redes y en las mesas de café. Una visa, en términos legales, es un permiso unilateral que otorga un país para entrar a su territorio. No otorga derechos políticos ni cambia el estatus de nadie dentro de México. Quien la pierde sigue pudiendo votar, ser candidato o ejercer un cargo público aquí. La Embajada de Estados Unidos en México respondió el sábado con un mensaje claro: “Las visas son un privilegio, no un derecho”. Agregó que cancelará cualquier visa cuando existan razones, sin importar quién sea el titular, dónde viva o cuáles sean sus opiniones políticas. El mensaje no mencionó nombres, pero llegó en medio del debate. Sheinbaum ha sostenido que la medida no se aplica de manera uniforme en América Latina y que, por tanto, tiene un “sentido político”. En la mañanera del viernes afirmó que no hay investigación abierta en México contra López Beltrán y que no se abrirá una solo porque le quitaron la visa. “No hay nada contra el hijo del presidente”, dijo. El subsecretario Christopher Landau, quien se ha referido a sí mismo como “El Quitavisas”, ha hecho públicas algunas de estas decisiones en redes sociales. En casos anteriores, incluso ordenó cancelaciones a partir de publicaciones en internet. La práctica se ha vuelto visible y, con ella, la tensión. Para el lector de a pie, la discusión puede parecer lejana, como si se tratara de un asunto entre políticos. Pero la visa americana sigue siendo, para muchos mexicanos, el sello que abre puertas de trabajo, estudio o simple turismo. Cuando se convierte en herramienta de presión, el mensaje llega más allá de los despachos. Lo que viene ahora es el seguimiento diplomático. Sheinbaum ha reiterado que busca una relación de respeto mutuo con Washington, “de igual a igual”, sin agachar la cabeza. Por su parte, Estados Unidos mantiene su postura: el control de sus fronteras es su soberanía. Dos soberanías hablando al mismo tiempo, cada una desde su lado de la línea. ¿Y tú, cuánto peso le das a una visa cuando se discute la dignidad de un país? Comparte esto: Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Me gusta esto:Me gusta Cargando... Navegación de entradas 192 mil pesos por habitante: el ingreso que aún no recupera 2018