Ilustración editorial de ingenieros revisando un pequeño satélite y su sistema compacto de propulsión en un laboratorio.Ilustración creada con inteligencia artificial; no representa el hardware real de ASCENT.

La NASA completó pruebas ambientales y físicas de un pequeño satélite que buscará alimentar dos tipos de motores desde un mismo tanque. El avance, divulgado el 25 de septiembre, corresponde a la misión ASCENT Propulsion Dual Mode. La propuesta pretende reducir masa y volumen, pero todavía falta la prueba decisiva: comprobar que el sistema funciona en el entorno espacial durante una misión de demostración.

El vehículo tiene un tamaño comparable al de una caja grande de zapatos y pertenece al formato CubeSat de seis unidades. Esa escala ayuda a entender el problema de ingeniería: cada componente compite por un espacio limitado. Un tanque adicional y sus conductos pueden desplazar equipos científicos. Compartir almacenamiento busca disminuir esa presión, sin eliminar la necesidad de controlar cada motor.

La arquitectura combina propulsión química de alto empuje y propulsores eléctricos de electropulverización de bajo empuje. Los primeros sirven para movimientos rápidos; los segundos permiten maniobras lentas y eficientes. Es como disponer de dos herramientas para trabajos distintos, pero abastecerlas desde una sola reserva. Que compartan combustible no significa que entreguen la misma fuerza o funcionen de idéntica manera.

Según la agencia, ambos sistemas utilizarán un propelente no tóxico denominado ASCENT. El proyecto está gestionado por el Centro Marshall, con participación del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Plasma Processes y el Instituto Tecnológico de Georgia. Esta colaboración describe responsabilidades técnicas, no una oferta comercial disponible para cualquier operador de satélites.

Los ingenieros realizaron pruebas de fugas con helio presurizado dentro de una cámara de vacío. Revisar sellos, válvulas y líneas resulta especialmente importante cuando una misma reserva alimenta propulsores diferentes. La NASA informó que las verificaciones confirmaron el funcionamiento previsto de los sellos. Ese resultado es un avance específico; no equivale a validar toda la misión de antemano.

También se efectuaron ensayos de vacío térmico y de giro. Los primeros permiten examinar el comportamiento de equipos ante condiciones que simulan parte del ambiente orbital. Los segundos revisan propiedades de masa y equilibrio, relevantes para la orientación del satélite. Mantener una posición adecuada permite dirigir antenas y aprovechar la luz solar, no solamente encender motores.

El anuncio sitúa el lanzamiento no antes del primero de octubre desde California, a bordo de un Falcon 9. La expresión no antes de establece una fecha mínima, no una garantía de despegue. Para lectores que sigan el proyecto, conviene distinguir entre un calendario previsto y un lanzamiento realizado. La nota consultada no acredita que el vehículo ya esté en órbita.

Después del despliegue se prevé una demostración de nueve meses, con maniobras químicas y eléctricas cortas y, si los resultados lo permiten, cambios de altura orbital. Esa fase será la que permita evaluar el concepto fuera del laboratorio. Las posibles reducciones de costo mencionadas por la NASA son una perspectiva para futuras misiones, no un ahorro ya cuantificado para empresas mexicanas.

La utilidad del avance para estudiantes y lectores interesados en tecnología está en observar cómo se verifica una innovación: diseño, ensayos terrestres y después operación real. Un satélite más compacto podría liberar espacio para instrumentos, pero esa posibilidad necesita evidencia. La noticia no es que dos motores hayan resuelto todos los problemas del vuelo espacial, sino que un sistema compartido está listo para enfrentar su siguiente examen.

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