La configuración del Instituto Nacional Electoral (INE) no es un proceso meramente técnico, sino el reflejo de las tensiones que definen el sistema democrático en México. Esta semana, el coordinador de la Jucopo, Ricardo Monreal, ha vuelto a ser el protagonista de una operación quirúrgica en la Cámara de Diputados, navegando entre las exigencias de sus aliados y el imperativo legal de la paridad de género. El debate sobre quiénes deben ocupar las sillas del consejo electoral ha sido, históricamente, un terreno de disputas por cuotas y lealtades. La terna original, que dejaba en desventaja a las mujeres frente a los hombres, detonó una resistencia que obligó a Monreal a reconfigurar su estrategia sobre la marcha, evidenciando que el discurso de la paridad ya no es solo una recomendación, sino un factor de bloqueo legislativo. La salida de Bernardo Valle y la integración de Frida Denisse Gómez Puga representan una concesión necesaria en el tablero político. Este tipo de maniobras son características de una «vieja escuela» que, lejos de desaparecer con la llegada de nuevas mayorías, se adapta para mantener la cohesión dentro de una coalición parlamentaria diversa. La insaculación, el mecanismo al que nadie quería llegar, es el fantasma que ha acechado estos procesos durante años. Al evitarla, Monreal ha salvado no solo su propio prestigio político, sino la imagen de una Legislatura que busca proyectar control sobre las instituciones del Estado. El contexto histórico de los nombramientos del INE muestra una tendencia recurrente hacia la negociación en la penumbra. A pesar de los cambios en la composición del Congreso, las decisiones siguen pasando por el oficio político de figuras con amplia trayectoria, quienes actúan como bisagras entre las exigencias de los partidos y la estructura administrativa del organismo. La paridad de género, aunque necesaria, fue utilizada aquí como moneda de cambio para desbloquear la mayoría calificada. Esto invita a reflexionar sobre si estamos ante un verdadero compromiso con la inclusión o si, por el contrario, la paridad se está integrando como un requisito burocrático más para facilitar los arreglos políticos necesarios. El desenlace de esta jornada es, en última instancia, una lección sobre la resiliencia de los acuerdos cupulares. Los nuevos consejeros ocupan sus asientos, pero la forma en que llegaron ahí —tras ajustes de última hora y presiones de los aliados— deja una estela de dudas sobre la independencia real frente a quienes gestionaron su llegada a San Lázaro. Comparte esto: Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Me gusta esto:Me gusta Cargando... Navegación de entradas Escucha Ricardo Moreno a la ciudadanía en Cabildo Abierto y responde con acciones concretas